La banca digital en México dejó de ser un complemento del sistema financiero para convertirse en una pieza estructural de la vida económica del país, afirmó el analista financiero y especialista en mercados bursátiles y cambiarios, Manuel Herrejón Suárez, quien sostuvo que su expansión representa una oportunidad ineludible, pero también un desafío en materia de inclusión, confianza y regulación.
Herrejón explicó que hace apenas algunos años los servicios digitales eran vistos como un accesorio de la banca tradicional, útil para transferencias o consultas rápidas, pero incapaz de sustituir la relación con la sucursal bancaria. Sin embargo, señaló que esa frontera prácticamente desapareció y hoy, para millones de usuarios, el banco es una aplicación que acompaña decisiones cotidianas, desde pagos pequeños hasta la organización del ahorro mensual.
En este sentido, Herrejón Suárez subrayó que este cambio no fue repentino, sino el resultado de la convergencia entre consumidores más exigentes, avances tecnológicos y un sistema financiero que, aunque en ocasiones de forma reactiva, comprendió que la digitalización dejó de ser opcional. En este contexto, afirmó que la banca digital pasó de ser un experimento a convertirse en infraestructura financiera.
De acuerdo con Manuel Herrejón, la transformación va más allá de la eficiencia operativa. Si bien la digitalización ha permitido a las instituciones financieras reducir costos, ampliar su alcance y personalizar productos, su impacto más profundo se refleja en la manera en que las personas se relacionan con su dinero. Hoy, los usuarios demandan información en tiempo real, mayor transparencia y control sobre sus finanzas, lo que ha impulsado la adopción de plataformas digitales.
No obstante, advirtió que la inclusión financiera no se materializa únicamente con la apertura de cuentas digitales. Para que exista un impacto real en la estabilidad económica de los hogares, es necesario que los usuarios comprendan los productos financieros y los utilicen con criterios informados.
Además, Manuel Herrejón enfatizó que la confianza es el pilar sobre el cual descansa la banca digital. La protección de datos, la prevención de fraudes y la ciberseguridad no son elementos accesorios, sino condiciones fundamentales para la sostenibilidad del modelo. Un solo incidente de seguridad, advirtió, podría erosionar rápidamente la credibilidad del sistema.
Asimismo, Herrejón Suárez destacó que la digitalización está redefiniendo la competencia en el sector. Los bancos tradicionales ya no solo compiten entre sí, sino también con instituciones nacidas digitales, que operan con estructuras más ágiles y un enfoque centrado en la experiencia del usuario. Si esta competencia se mantiene bajo un marco regulatorio adecuado, podría traducirse en mayor innovación y mejores servicios para los consumidores mexicanos.
En este primer trimestre de 2026, Manuel Herrejón Suárez anticipó que la banca digital continuará expandiéndose, no con la intención de desplazar por completo a la banca tradicional, sino como parte integral del ecosistema financiero del país. El reto, sostuvo, será transitar de la adopción masiva a una consolidación responsable que fortalezca la eficiencia, la inclusión y la confianza en el sistema.
“La banca digital ya despegó. La pregunta no es si llegó para quedarse, sino si sabremos usarla para construir un sistema financiero más eficiente, más incluyente y, sobre todo, más confiable”, concluyó.
