Por Juan Pablo Ojeda
La retórica belicista de la presidencia de los Estados Unidos alcanzó un nuevo umbral este lunes. Donald Trump aseguró ante la prensa nacional que Irán «puede ser aniquilado en una noche», condicionando la supervivencia de la infraestructura civil y militar de ese país a la reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz antes de las 20:00 horas del 7 de abril.
El ultimátum del Ejecutivo expone la disposición de la Casa Blanca para escalar el conflicto bélico hacia la destrucción de bienes civiles de doble uso. La amenaza directa de bombardear centrales eléctricas representa una táctica de castigo colectivo diseñada para paralizar la economía y la capacidad de resistencia del Estado iraní, generando cuestionamientos sobre la proporcionalidad del uso de la fuerza.
La advertencia se produce en el marco del anuncio de una operación de rescate no autorizada en espacio aéreo soberano iraní. El salvamento de dos pilotos de un caza F-15 estadounidense, derribado el viernes, fue utilizado por la administración Trump como una demostración empírica de impunidad operativa. La penetración de 155 aeronaves en territorio hostil sin ser repelidas exhibe el colapso del sistema de defensa antiaérea de Teherán.
El manejo de los tiempos por parte de la presidencia estadounidense evidencia una estrategia de máxima presión. La prórroga del ultimátum, anunciada a través de redes sociales y confirmada en la sala de prensa, busca forzar una capitulación pública del gobierno iraní respecto al control de la ruta marítima, un bloqueo que mantienen desde el inicio de la campaña de bombardeos el pasado 28 de febrero.
La revelación de que el copiloto sobreviviente tuvo que evadir su captura ocultándose en zonas montañosas ilustra el nivel de riesgo físico que enfrentan las fuerzas armadas estadounidenses sobre el terreno. A pesar del éxito de la extracción, la pérdida del F-15 confirma que la capacidad de fuego antiaéreo iraní, aunque mermada, mantiene letalidad contra activos aéreos de alto valor.
El Congreso de los Estados Unidos observa de cerca la escalada ejecutiva. La decisión de aniquilar la infraestructura eléctrica de una nación soberana requiere una justificación legal que trasciende las operaciones tácticas de contingencia. La utilización del Estrecho de Ormuz como casus belli definitivo pone a prueba los límites de la Autoridad de Poderes de Guerra del presidente.
Las próximas 24 horas son críticas para la arquitectura de seguridad global. Si Irán desestima el ultimátum de las 20:00 horas, la ejecución de los bombardeos prometidos por Trump obligará a Teherán a elegir entre la rendición de sus capacidades de disuasión o la activación de sus milicias proxy en un ataque desproporcionado contra las bases estadounidenses e israelíes en todo el Medio Oriente.
