Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que el rechazo de su reforma electoral en la Cámara de Diputados no representa una derrota política para su gobierno. Desde Palacio Nacional, la mandataria explicó que el objetivo de la iniciativa no solo era cambiar las reglas del sistema electoral, sino también evidenciar la postura de los distintos partidos frente a temas como la reducción de privilegios dentro de la política.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum señaló que el hecho de que la reforma no haya alcanzado los votos necesarios para modificar la Constitución forma parte del propio proceso democrático. En el Congreso mexicano, las reformas constitucionales requieren una mayoría calificada, es decir, dos terceras partes de los votos de los legisladores presentes. En este caso, el proyecto no logró superar ese umbral.
La votación realizada el 11 de marzo en la Cámara de Diputados terminó con 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención. Sin embargo, para aprobar cambios a la Constitución se necesitaban al menos 334 votos, por lo que la propuesta quedó frenada en el pleno de San Lázaro.
El resultado reflejó la división política en el Congreso. Legisladores de la oposición votaron en contra del proyecto y algunos aliados del oficialismo también se sumaron al rechazo, lo que terminó por impedir que la iniciativa avanzara.
A pesar de ello, la presidenta sostuvo que el debate legislativo permitió mostrar con claridad qué partidos están dispuestos a respaldar medidas orientadas a reducir privilegios en el sistema político y cuáles no. Según explicó, una de las metas principales de la reforma era modificar aspectos que, desde la perspectiva del gobierno, encarecen el funcionamiento de la democracia en México.
Entre esos puntos se encontraba la reducción del financiamiento público a los partidos políticos, un tema que ha sido recurrente en las discusiones sobre el costo del sistema electoral. La lógica del gobierno era que los recursos que se ahorraran con esos cambios pudieran destinarse a proyectos de infraestructura y obras públicas.
Para la presidenta, el debate no termina con la votación en la Cámara de Diputados. De hecho, adelantó que su administración ya trabaja en una nueva estrategia para impulsar cambios en el sistema político-electoral.
Durante la misma conferencia, Sheinbaum anunció que el gobierno prepara un llamado “Plan B” en materia electoral. A diferencia de la reforma constitucional que fue rechazada, este nuevo paquete se enfocaría en modificar leyes secundarias.
En términos legislativos, esto significa que esos cambios no necesitarían mayoría calificada, sino únicamente mayoría simple en el Congreso. En otras palabras, el oficialismo podría intentar sacar adelante algunos ajustes sin necesidad de reunir los votos suficientes para reformar la Constitución.
Entre las medidas que podrían incluirse en este nuevo paquete se encuentran ajustes para reducir privilegios dentro de estructuras gubernamentales locales, así como cambios relacionados con salarios y estructuras administrativas en distintos niveles de gobierno.
La mandataria reiteró que su administración seguirá impulsando modificaciones al sistema político, al considerar que aún hay áreas que pueden reformarse para hacer más eficiente el funcionamiento del aparato público.
Con ese mensaje, el gobierno deja claro que el debate sobre la reforma electoral no está cerrado. Aunque la iniciativa original no avanzó en el Congreso, la discusión sobre cómo reducir costos, modificar reglas políticas y redefinir el funcionamiento del sistema electoral continuará en la agenda legislativa en los próximos meses.
