Fitch mantiene calificación de México, pero advierte bajo crecimiento

 

Por Juan Pablo Ojeda

 

México mantiene su lugar dentro del llamado “grado de inversión”, pero sin margen para relajarse. La agencia Fitch Ratings decidió conservar la calificación soberana del país en ‘BBB-’ con perspectiva estable, lo que en términos sencillos significa que el país sigue siendo confiable para invertir, aunque en el límite inferior de esa categoría.

¿Por qué no bajó la calificación? Principalmente por lo que en economía se conoce como estabilidad macroeconómica: finanzas externas sanas, una economía diversificada y decisiones relativamente prudentes en política fiscal y monetaria. Es decir, México no está en crisis ni cerca de una, pero tampoco muestra señales de gran dinamismo.

El problema está en el ritmo de crecimiento. La propia calificadora pone el dedo en la llaga: la economía mexicana avanza, pero lento. En 2025 creció apenas 0.6%, y aunque para 2026 se espera una mejora a 1.7%, sigue siendo un crecimiento moderado para un país con el tamaño y las necesidades de México. Parte de ese impulso vendría de factores temporales, como el Mundial de Futbol, más que de cambios estructurales.

Aquí entra un punto clave de política pública: crecer poco limita todo lo demás. Con bajo crecimiento, el gobierno recauda menos, invierte menos y tiene menos margen para programas sociales o infraestructura.

Además, Fitch Ratings advierte varios riesgos de fondo. Uno de los más importantes es la situación de Petróleos Mexicanos, mejor conocida como Pemex. Aunque ha recibido apoyos del gobierno, la expectativa es que necesitará ayuda de forma recurrente, lo que presiona las finanzas públicas. En otras palabras, Pemex sigue siendo un “pendiente” que puede costar caro.

A esto se suma el tema de la deuda. Actualmente ronda el 54.6% del PIB y podría subir hasta 58% en 2027. No es un nivel crítico, pero sí marca una tendencia al alza que obliga a tener disciplina fiscal, es decir, cuidar el gasto y evitar desequilibrios.

Otro foco está en la inflación. Aunque no está fuera de control, sí se mantiene por encima del objetivo del 3%. En marzo llegó a 4.59%, lo que sigue pegando directamente al bolsillo de las familias, sobre todo en alimentos. Y aunque el Banco de México ya empezó a bajar tasas de interés, el entorno sigue siendo delicado.

En el frente externo, México mantiene cierta estabilidad gracias a la inversión extranjera, que sigue financiando el déficit. Sin embargo, hay incertidumbre hacia adelante, especialmente por la próxima revisión del T-MEC, que podría generar tensiones comerciales con Estados Unidos y Canadá.

En resumen, el mensaje es claro: México está estable, pero no fuerte. Mantiene la confianza de los mercados, pero con señales de alerta en crecimiento, deuda y empresas públicas. La economía aguanta, pero necesita impulso si quiere evitar quedarse estancada.

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