Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió con firmeza a los comentarios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien calificó la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848 como una “victoria legendaria” en un mensaje difundido por la Casa Blanca. Para el gobierno mexicano, esa narrativa no solo es históricamente reduccionista, sino que resulta inaceptable cuando se utiliza para justificar posturas actuales en materia de frontera, migración y seguridad.
En conferencia de prensa, Sheinbaum rechazó cualquier intento de reinterpretar aquel episodio histórico desde una lógica de glorificación territorial. Subrayó que México no es un país sumiso ni dispuesto a aceptar versiones de la historia que minimicen la pérdida de más de la mitad de su territorio tras la guerra entre ambos países en el siglo XIX. En un tono enfático, dejó claro que su gobierno no permitirá comparaciones que evoquen figuras asociadas en la memoria colectiva con la cesión territorial, como Antonio López de Santa Anna.
La mandataria insistió en que la relación con Estados Unidos debe construirse desde el respeto mutuo y la igualdad soberana, no desde discursos que exaltan la expansión de una nación a costa de otra. Defender la historia, dijo, también es defender el presente y la dignidad del pueblo mexicano, especialmente cuando se trata de temas sensibles que siguen influyendo en la política bilateral.
Sheinbaum recordó que México ha optado por el diálogo institucional como vía para resolver diferencias con Washington, incluso en medio de tensiones por comercio, seguridad fronteriza y cooperación migratoria. Sin embargo, advirtió que ese diálogo no puede basarse en narrativas que reabran heridas del pasado ni en visiones que pretendan imponer una lectura unilateral de la historia.
Con este posicionamiento, la presidenta busca dejar un mensaje claro tanto hacia el exterior como hacia la opinión pública nacional: México mantendrá una postura soberana, defenderá su memoria histórica y exigirá un trato de iguales en la relación con Estados Unidos, sin aceptar discursos que pretendan reescribir el pasado para justificar agendas del presente.
